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Si estas visitando España por primera vez, te advertimos: este es un país que se convierte rápidamente en adicción. Es un imán para todos los viajeros del mundo. La forma de vida española es irresistible! Es imposible no enamorarse de una cultura donde los amigos, la comida, el vino y la familia tienen prioridad sobre casi todo lo demás. Antes de que te des cuenta, te encontrarás enganchado por algo muy diferente... la celebración salvaje de alguna fiesta local o tal vez por la arquitectura cautivadora de Barcelona. Incluso en los lugares más conocidos por visitar encontrarás algo diferente. Desde Madrid hasta las costas o desde los altos del Pirineo hasta las ciudades árabes del sur. En España hay algo que descubrir en cada esquina, ya sean restaurantes de moda en el País Vasco, los paisajes salvajes de las llanuras centrales, o las galerías de vanguardia en el norte industrial. Pronto, te darás cuenta de que no hay solo una España, sino muchas.
  • Santander es una elegante ciudad que se extiende a lo largo de una amplia bahía con vistas al mar Cantábrico. Su casco histórico reúne un conjunto de nobles edificios que se alzan en medio de un increíble entorno natural de mar y montañas. Su tradición marinera y comercial se une a una vocación turística centenaria, que tiene en la célebre playa de El Sardinero, en el paseo Marítimo y en la península de La Magdalena sus mayores atractivos. El acervo cultural de la capital cántabra se enriquece con el paso del Camino de Santiago y con las vecinas Cuevas de Altamira, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad.

    Santander es una ciudad en la que queda patente la mezcla de sus diferentes vocaciones, tradición marinera, comercial y turística. El origen de la ciudad se relaciona con el Portus Victoriae fundado por los romanos. Sin embargo, el desarrollo urbano de la capital no llegaría hasta el siglo XI, fecha en que comenzaría a crecer la villa al abrigo de la abadía de San Emeterio. De su nombre en latín, Sancti Emeterii, procede el actual topónimo de Santander.

    Durante los siglos XVIII y XIX, la ciudad se convirtió en un puerto mercantil clave para las rutas marítimas entre Castilla y las colonias americanas. A partir de mediados del siglo XIX, Santander pasó a ser uno de los destinos turísticos veraniegos más selectos de la costa norte peninsular.

    Situada a medio camino entre el mar y la montaña, Santander posee en su gastronomía una particular mezcla de ingredientes. Del mar proceden las características rabas (calamares fritos), los bocartes rebozados (boquerones), y mariscos frescos. El interior aporta excelentes carnes de vacuno y un plato emblemático en toda la región, el cocido montañés (guiso con alubias, carne y repollo). Los postres pasan por la quesada (pastel de queso) y los sobaos pasiegos (a base de mantequilla, harina y huevos).

    Los amantes de la naturaleza encontrarán en Cantabria un impresionante patrimonio de espacios protegidos. Entre los lugares mejor conservados figuran los Parques Naturales de Oyambre, Peña Cabarga y Saja-Besaya, si bien el más importante es el Parque Nacional de Picos de Europa, cuyo territorio es compartido con Asturias y Castilla y León.