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Si estas visitando España por primera vez, te advertimos: este es un país que se convierte rápidamente en adicción. Es un imán para todos los viajeros del mundo. La forma de vida española es irresistible! Es imposible no enamorarse de una cultura donde los amigos, la comida, el vino y la familia tienen prioridad sobre casi todo lo demás. Antes de que te des cuenta, te encontrarás enganchado por algo muy diferente... la celebración salvaje de alguna fiesta local o tal vez por la arquitectura cautivadora de Barcelona. Incluso en los lugares más conocidos por visitar encontrarás algo diferente. Desde Madrid hasta las costas o desde los altos del Pirineo hasta las ciudades árabes del sur. En España hay algo que descubrir en cada esquina, ya sean restaurantes de moda en el País Vasco, los paisajes salvajes de las llanuras centrales, o las galerías de vanguardia en el norte industrial. Pronto, te darás cuenta de que no hay solo una España, sino muchas.
  • La mayor ciudad de Castilla-La Mancha se alza en medio de una vasta campiña de un alto valor natural. De esta peculiar orografía procede su antiguo nombre árabe, Al-Basit (El Llano). Un recorrido por su geografía nos hará conocer el pulso comercial que late en sus arterias principales, la tranquilidad manchega de sus rincones y el carácter bullicioso que asoma en sus fiestas en septiembre, una de las mejores fechas para visitarla.

    Los amantes de la tradición y el arte manchegos podrán disfrutar de una ciudad moderna que mantiene intacto todo su sabor. En la parte más antigua de su perfecto entramado urbanístico se encuentra la catedral de San Juan Bautista. Se trata de una obra de concepción gótica pero que mezcla diferentes estilos. Su largo periodo de construcción, cuatrocientos años, ha dado como resultado una capilla gótica, cuatro grandes columnas renacentistas, diferentes elementos barrocos y una portada neogótica. La arquitectura religiosa de Albacete también se nos muestra en el antiguo monasterio de la Encarnación (s. XVI), hoy centro cultural, y en la iglesia de la Purísima Concepción.

  • Situada en el Campo de Calatrava, un paraje dominado por numerosos cerros, Ciudad Real nos ofrece un trazado moderno que ha sabido mantener todo su sabor manchego. Mejor comunicada, gracias al tren de alta velocidad AVE Madrid-Sevilla, esta ciudad nos brinda una excepcional gastronomía centrada en la caza, el queso y el vino. Además, los parques nacionales de Cabañeros y las Tablas de Daimiel nos hablan de la riqueza de sus ecosistemas.

    Cuatro kilómetros deurallas y ciento treinta torreones protegían durante la Edad Media a una población integrada por cristianos, moriscos y judíos. Tras la unificación de los reinos peninsulares bajo los Reyes Católicos, fue en el siglo XVII cuando Ciudad Real se convierte en capital de la provincia de La Mancha. Este hecho favorece un desarrollo económico, que se plasma en importantes construcciones.

    Buena muestra de la arquitectura mudéjar manchega (s. XIV) es la Puerta de Toledo, una de las ocho puertas que se abrían en el recinto amurallado de la ciudad. Sus arcos de herradura y apuntados se encuentran flanqueados por dos torreones de planta cuadrada.

    Alfonso X el Sabio El peculiar estilo gótico de esta urbe se nos muestra en un conjunto artístico planificado por Alfonso X el Sabio, el fundador de esta villa, y formado por tres iglesias. Entre ellas destaca la iglesia de Santiago, la más antigua de las que se conservan. Su origen es gótico, pero más tarde se enriqueció con una techumbre mudéjar y una bóvedas barrocas. Merecen atención sus pinturas murales, una de las cuales representa a un dragón apocalíptico de siete cabezas.

  • Entre las hoces de los ríos Júcar y Huécar se asienta esta ciudad de Castilla-La Mancha, inscrita en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO por su riqueza monumental. Su casco histórico se despliega al borde de paredes rocosas, en plena serranía de Cuenca. La Catedral, las Casas Colgadas y calles empedradas atrapan al más avezado viajero. Un antiguo convento de dominicos alberga el Parador de Turismo de Cuenca, donde el huésped descansará y degustará las recetas más tradicionales de la región. Una de las mejores fechas para visitar la ciudad es durante la Semana de Música Religiosa, fiesta de Interés Turístico Internacional. Arte, historia, deportes de aventura, termalismo y caza, son sólo algunas de las posibilidades que ofrece esta provincia de Castilla-La Mancha.

    Con un casco antiguo declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Cuenca se extiende desde lo alto del promontorio que domina las ruinas del castillo árabe, antigua alcazaba de Kunka. Mientras, abajo, la ciudad moderna crece por la vega del Júcar.

    La “ciudad alta”, el trazado medieval que caracteriza a la ciudad, comienza frente a la parroquia de Nuestra Señora de la Luz, a los pies del puente de San Antón. Aquí se inicia un recorrido de cuestas, escaleras y miradores que proporcionan bellas perspectivas.

    Una buena ocasión para acercarse a Cuenca es cuando se celebra la Semana de Música Religiosa, Fiesta de Interés Turístico Internacional, que tiene lugar durante la Semana Santa. Musicólogos, intérpretes y aficionados se dan cita en escogidos escenarios como el Auditorio de Cuenca, la iglesia de San Miguel o el Museo de Arte Abstracto Español.

  • Regada por las aguas del río Henares, Guadalajara posee una larga historia vinculada al paso de los duques del Infantado por la capital de La Alcarria. En su interesante legado monumental sobresale el soberbio Palacio del Infantado, auténtico símbolo de la ciudad.

    Los orígenes de Guadalajara se remontan a la época romana, con la fundación del primitivo núcleo de Arriaca. Fue bajo la dominación árabe cuando este asentamiento pasó a denominarse Wad-al-Hayara (“río de piedras”), topónimo que evolucionaría hasta su actual nombre. Su importancia como urbe se vería aumentada en el siglo XII, cuando el rey Alfonso VII concedió un fuero a la ciudad, que se vio ampliado posteriormente por los monarcas Fernando III y Alfonso X. Pero, sin duda, la huella histórica más destacada fue la dejada por la dinastía de los Mendoza, que a mediados del s. XV recibió el señorío de Guadalajara y dio esplendor a la ciudad durante siglos.

    La rica historia de la capital alcarreña ha dejado un importante legado arquitectónico en su casco antiguo. La peatonal calle Mayor vertebra la parte histórica de la capital, con edificios de gran valor histórico como el Ayuntamiento, los caserones de la plaza de los Dávalos o el antiguo palacio de los Mendoza, cuyo patio interior es una excelente muestra de arte plateresco. Pero la construcción civil más importante de la capital alcarreña es el palacio del Infantado, considerado el auténtico símbolo de la ciudad. La construcción del edificio, que actualmente es la sede del Museo, el Archivo Provincial y la Biblioteca Municipal, fue iniciada por Juan Guas en 1480 por encargo del segundo de los duques, Don Íñigo de Mendoza. Se trata de una magnífica obra de estilo isabelino presidido por una soberbia fachada renacentista y que se estructura en su interior en torno al patio de los Leones, que consta de 2 galerías.

  • Toledo es una de las ciudades españolas con mayor riqueza monumental. Conocida como “ciudad de las tres culturas”, debido a la convivencia durante siglos de cristianos, árabes y judíos, Toledo conserva tras sus murallas un legado artístico y cultural en forma de iglesias, palacios, fortalezas, mezquitas y sinagogas. Esta gran diversidad de estilos artísticos convierte el casco antiguo de la capital de Castilla – La Mancha en un auténtico museo al aire libre, hecho que ha permitido su declaración como Patrimonio de la Humanidad.

    Toledo es, además, una ciudad ligada a hondas tradiciones populares, como lo demuestra cada año la procesión del Santísimo Corpus Christi, fiesta declarada de Interés Turístico Internacional.

    La ciudad de Toledo tiene su antecedente en Toletum, nombre que los romanos dieron a este asentamiento a orillas del río Tajo tras su conquista en el 190 a. C. La ciudad mantuvo su importancia durante siglos y, en época visigoda, llegó a convertirse en capital de Hispania (s. VI). La llegada de los árabes en el siglo VIII, unida a la presencia de cristianos y judíos, hizo de Toledo la “ciudad de las tres culturas”. Fue ésta una de las épocas de mayor esplendor de Toledo, ya que, entre otros hechos destacables, se fundó la célebre Escuela de Traductores de Toledo. Posteriormente, con la subida al trono de Carlos V en 1519, la ciudad se convertiría en capital imperial.

    La convivencia durante siglos de cristianos, árabes y judíos ha quedado reflejado en forma de un gran legado artístico y cultural. El laberinto de calles que conforma el casco histórico de Toledo está únicamente limitado por murallas en las que se fueron abriendo innumerables puertas. La puerta de Bisagra, presidida por dos cuerpos y un gran escudo imperial, constituye el principal acceso a la ciudad intramuros. Esta señorial puerta de origen musulmán consta de un patio central y fue remodelada bajo el reinado de Carlos I. La puerta de Alfonso VI o puerta Vieja de Bisagra, construida en el 838, es uno de los más fieles reflejos de arte musulmán en la ciudad. En el siglo XIII fue levantada la puerta del Sol, de estilo mudéjar y que contiene los restos de un sarcófago paleocristiano.